Relato erótico: Corneador

A algunos hombres les gusta ver cómo se follan a su mujer. Me di cuenta un día que, en un puticlub Madrid, me follé a una mujer delante de su marido. Él se limitó a mirar mientras yo le metía mano a su mujer y, cuando me la estaba follando y la mujer empezó a gemir, él se masturbó.

Esa experiencia me llevó a poner un anuncio en parejas.net ofreciéndome a este tipo de hombres para follar a su mujer en su presencia. Recibí muchas respuestas y bastantes terminaron en citas. Voy a contar las experiencias mejores que he tenido.

Una de las experiencias mejores que he tenido fue con una pareja bastante joven, ninguno de los dos llegaba a los treinta, en la que ella no quería hacerlo pero accedía para agradar a su marido que le insistía continuamente con el tema. El marido me había advertido de esto y me había dicho que fuese con tacto, porque no descartaba que su mujer se echase para atrás en el último momento.

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La cita fue en su casa, un sábado a las once de la noche. Tenía que ser a esa hora para que su hijo, de tres años, estuviese dormido profundamente. Cuando llegué a su piso, y el marido me presentó a su mujer ella me atendió con educación pero con frialdad, como para dejar constancia de que a ella no le gustaba aquel juego y que lo hacía para complacer el deseo de su marido. La mujer me dijo que no hiciese mucho ruido porque podía despertarse su hijo u oírnos algún vecino, también me dijo que teníamos que hacerlo en el salón y que no quería que la besase en la boca.


Le respondí que no había problema y entonces ella, que debía querer pasar el trago cuanto antes, comenzó a quitarse la ropa, como si estuviese haciéndolo delante del médico, hasta que se quedó sólo con las bragas. Yo me desnudé completamente. Cuando descubrí mi pene, la mujer que me estaba mirando mientras esperaba a que terminase de desnudarme, el rostro de la mujer cambió a sorpresa, pues, tengo un pene muy grande y grueso.

- ¿Dónde lo hacemos? - le pregunté.

- Donde tu prefieras. - me dijo sin dar más detalles.

Como mi pene no estaba, todavía, totalmente erecto, la senté en el sofá, le toqué las tetas durante unos segundos y después le abrí las piernas y le acaricié el coño también durante un breve espacio de tiempo, metiendo la mano debajo de sus bragas. Tenía unas tetas estupendas, medianitas y turgentes, y el coño estaba bastante engrasado, señal de que estaba receptiva. El marido se había sentado en uno de los sillones y nos miraba en silencio. Me puse en cuclillas, le quité las bragas, le abrí las piernas y me dispuse a comerle el coño, pero ella me dijo que no le gustaba y me lo impidió, entonces continué acariciándole las tetas y el coño con las manos y poco después me puse el preservativo para follarla.

Cuando me vio acercarme con mi enorme pene erecto, ella se tumbó en el sofá, pero entonces yo le dije que, si no le importaba, prefería hacerlo en el sillón. Ella me miró sorprendida, pero como quería terminar cuanto antes, se levantó y se acercó al sillón, yo le dije que se sentase y después le levanté las piernas y se las abrí, de forma que el sexo quedó totalmente expuesto, y le dije que se sujetase las piernas con las manos. Acerqué mi polla a su raja, apunté en el lugar correcto y lentamente la introduje hasta el fondo. Ella había cerrado los ojos. A media que mi polla iba entrando la expresión de su cara fue cambiando, desde seriedad hasta placer.

Apoyé las manos en el respaldo del sillón y empecé a moverme, lentamente, la sacaba casi del todo y se la volvía a meter todo lo hondo que podía. Mi polla es bastante gruesa y su coño apretaba con fuerza mi polla. La actitud de la mujer era pasiva, como si rechazase participar en el polvo y sólo esperase que terminase cuanto antes, pero después de unos minutos de mete saca, empezó a jadear, la miré y vi que su pecho y garganta estaba enrojecida, seguí follándola sin alterar el ritmo y dos minutos después empezó a gemir y sus manos agarraron mi cadera con fuerza. Estaba a punto de correrse, seguí moviéndome y entonces estalló su orgasmo y ella intentó detener mis movimientos con sus manos, pero yo, que estaba esperando aquel momento para correrme con ella,  vencí su resistencia y seguí moviéndome mientras ella gemía y se retorcía hasta que me corrí.

Estuvimos unidos un minuto, ella todavía jadeaba cuando me dijo que me retirase, lo hice y entonces ella, recogió su ropa y salió, casi corriendo del salón. El marido me dijo que era mejor que me fuese. Me vestí y me fui sin despedirme de ellos.

El marido me envió un correo unos días después excusándose por casi haberme echado de su casa y justificándose en que no quería que su mujer pasase un mal rato. Me dijo que él había disfrutado mucho viendo como se follaban a su mujer pero que ella, aunque había tenido el orgasmo más grande de su vida, decía que no quería repetir.

No fue así. Tres meses más tarde el marido volvió a escribirme y volvimos a quedar.

Fue una cita casi idéntica a la anterior. Follamos en el mismo sitio y en la misma posición, la única diferencia fue que ella, antes de que se la metiese, me la chupó durante un buen rato.

Hubo tres o cuatro citas más y después perdí interés en aquella pareja porque tenía otras citas más interesantes.

La pasé muy bien con una pareja de Zaragoza. En uno de los correos previos a la cita el marido me dijo que su mujer era una puta insaciable y que le encantaban las pollas grandes y que a él le gustaba verla follar con otros tíos. Me envió algunas fotos de su mujer, unas desnuda y otras follando con otros tíos y me dijo que en Semana Santa siempre venían a Madrid y visitaban algún club swinger. Me propuso quedar, para conocernos, en algún lugar y, si yo le gustaba a su mujer, ir junto a un club swinger.

Dos semanas más tarde me envió un correo para concretar la cita y quedamos en la cafetería del hotel en el que ellos se hospedaban a media tarde.

La mujer tendría unos 40 años, muy buen tipo, cuerpo cuidado y bien vestida. Nos presentamos y estuvimos charlando de Madrid durante casi una hora. Después la mujer propuso irnos al pub y tomamos un taxi en la puerta del hotel hasta las proximidades del pub.

Cuando entramos en el pub la mujer, que hasta entonces se había mostrado discreta, cambió radicalmente y comenzó a hablar de sexo. Dijo que tenía muchas ganas de follar y me preguntó cuántos polvos sería capaz de echarle. Le dije que el primero lo tenía garantizado pero que el segundo tendría que ganárselo. Ella me tocó el paquete, hizo un comentario sobre el tamaño, y me dijo que le metiese mano.

Metí mi mano entre sus piernas y la subí hasta que llegué al coño. Lo tenía depilado y muy engrasado.

- ¿Te gusta? - me preguntó.

- Sí, claro. - le respondí. El marido casi no participaba en la conversación y nos miraba con poco interés.

Seguí metiéndole mano durante unos minutos hasta que ella me dijo que quería follar. Le dijo a su marido que quería estar a solas conmigo y a él no pareció importarle.

Subimos al reservado, en los vestuarios, mientras nos desnudábamos, ella me la chupó y tuve que impedir que continuase pues, de continuar, me hubiera corrido allí mismo. Pasamos al reservado, estábamos solos, ella quiso volver a chupármela pero yo se lo impedí y la tumbé. Ella abrió las piernas ofreciéndome su coño y se la clavé. Era un coño muy follado y bien engrasado y mi polla entró con facilidad hasta el fondo, ella me rodeó con sus brazos y piernas y comencé a moverme lentamente pero con embestidas fuertes. Después de cuatro o cinco embestidas me dijo que la follase más rápido, le dije que así me correría pronto y ella me respondió que no le importaba.

Empecé a moverme y, cuanto más rápido y fuerte le daba, ella más quería. Sólo aguanté dos o tres minutos y ella no se corrió. Cuando terminé, ella me quitó el preservativo y comenzó a chupármela como una posesa al tiempo que se frotaba el coño con la mano. Aquello me puso a cien y se la volví a clavar, esta vez sin preservativo. La follé durante no menos de quince minutos y conseguí que se corriese y que dijese basta, antes de correrme yo.

Regresamos al bar, el marido nos preguntó cómo nos había ido y ella le dijo:

- Muy bien, estoy agotada, pero quiero más.

Pedimos otras consumiciones y después de un rato de charla la mujer nos dijo:

- Voy  a ver si encuentro a algún machote en la barra.

Nosotros nos quedamos en la mesa charlando. El marido volvió a decirme que su mujer era una puta insaciable y me contó que alguna vez había follado con cinco tíos en una misma sesión. Le pregunté si él no participaba y me dijo que ya la había follado en el hotel.

Vimos pasar a la mujer con un tipo con pinta de chulo de gimnasio en dirección al reservado y el marido me dijo:

- Tercer polvo de la tarde.

Le dije que no, que sería el cuarto porque yo la había follado dos veces. Él me dijo que, ni en sus mejores tiempos había sido capaz de echar dos polvos seguidos.

La mujer regresó quince minutos más tarde y el marido le preguntó si ya había tenido suficiente y ella le dijo que no, que aquel tipo no la había follado bien y que se había quedado con más ganas que cuando había empezado.

Mientras la mujer se tomaba su tercera consumición seguimos charlando, sobre todo de sexo, y en un momento de la conversación, el marido, aludiendo a las veces que había follado aquella tarde, le dijo:

- Tendrás ya el coño como la boca del metro.

Ella, sin ofenderse, le respondió:

- No, lo tengo estupendamente.

Mientras charlábamos, de vez en cuando, la mujer me acariciaba el muslo y, a veces, sus caricias llegaban hasta el paquete. Una de las veces me preguntó:

- Resucita o sigue muerta.

Me reí y le dije que seguía muerta todavía. Poco después el marido urgió a su mujer a que echase el último polvo porque él quería regresar al hotel. Ella se levantó y se dirigió hacia la barra.

Unos minutos más tarde fui al baño, pasé por la barra y allí estaba la mujer charlando con un par de chicos muy jóvenes. Cuando regresaba del baño la mujer me detuvo y me dijo, en un aparte, que se iba a llevar a aquellos dos chicos al privado y me preguntó si me apuntaba.

Le dije que no sabía si podría, que me había dejado seco en el último polvo. Ella se rió y me dijo que seguro que se me levantaría. Acepté.

Subimos las escaleras hasta el privado. Ella terminó de desnudarse antes que nosotros, los chicos le metieron mano en las tetas y el coño y ella respondió chupándoselas allí mismo.

Pasamos a la sala de los colchones. Había dos parejas follando. Ella se subió encima de los colchones y comenzó a chupárnoslas a los tres. Los chicos le metían mano desordenadamente, uno de ellos se la metió y no tardó en correrse más de dos minutos. El otro ocupó el puesto de su amigo y tampoco aguantó mucho. Mientras la follaba este último, ella acariciaba mi sexo y cuando terminó con el chico, comenzó a chupármela con ansia. Mi polla se levantó lo suficiente para meterla y ella, entonces, se sentó sobre mi polla, se la metió dentro y comenzó a cabalgar sobre mi polla.

Durante más de diez minutos cabalgó sobre mi polla: la metía bien honda y, una vez dentro, se movía para que la polla tocase todos los rincones de su vagina. Sus tetas se movían rítmicamente delante de mi cara y yo, de vez en cuando, las agarraba y se las chupaba. Cuando hacía esto ella dejaba de moverse.

- Fóllame como antes. - me dijo la última vez que le chupé las tetas.

Sin sacarla, la tumbé sobre el colchón y comencé a follarla con movimientos rápidos y fuertes. Enseguida comenzó a jadear y a retorcerse de placer, yo seguí moviéndome cada vez más fuerte y rápido, ella me abrazó con más fuerza y entonces sentí su estremecimiento y su vagina convulsionó con fuerza sobre mi polla y me corrí con ella.
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