Nos animamos a dar el paso

relatos eroticos
Somos un matrimonio mayor y de muchos años de casados. Nos amamos como el primer día y con respecto al sexo, muy fogosos en la cama y muy liberales. Hemos probado masajes eroticos en pareja, juegos varios... Pero desde hace mucho tiempo nos desvelaba la fantasía de llevar un tercero a nuestra cama, pero nunca nos animábamos a concretarlo. Cuando menos lo esperábamos y sin proponérselo, la hicimos realidad.

Ese día habíamos invitado a un matrimonio amigo a cenar. Carla y Luis, nuestros amigos, llegaron puntualmente. Charlamos sobre nuestras cosas y nos sentamos a cenar. Comimos y bebimos en abundancia, luego los cuatro nos fuimos al living a fumar y tomar unas copas mientras escuchábamos música. De pronto sonó el celular de Carla y luego de atender nos dijo que lamentaba mucho pero tenía que retirarse porque la necesitaban para una emergencia (ella era anestesista en una clínica). Le pidió a su marido que se quedara y que se encontrarían al otro día en su casa.

Los tres continuamos escuchando música y bebiendo otras copas. Laura, mi mujer, llevaba puesto una pollera por arriba de las rodillas y una blusa escotada. A medida que las copas pasaban el ambiente se hizo más íntimo. Estábamos sentados los tres juntos en el sillón grande, mi esposa a un costado a mi lado y en el otro extremo se sentó nuestro amigo y lógicamente yo en el medio. En un momento Laura se levantó para ir hasta el equipo de música que estaba de frente nuestro a cambiar el CD. Cuando se agachó para cambiarlo sin querer dejó ver sus hermosas piernas casi hasta sus nalgas, pude ver como Luis sin disimulo se tocó la pija por encima del pantalón y se mordía los labios, mi esposa se dio cuenta de cómo muestro invitado le clavaba los ojos en el culo pero no le importó, al contrario. Esa actitud me excitó mucho y potenció la fantasía que teníamos con mi esposa.


No sé si por efectos del alcohol o por la excitación que tenía, cuando regresó Laura la hice sentar en medio de los dos. La abracé y le di un beso apasionado y largo en la boca. Ella se sorprendió pero entendió mi actitud. Inclinándose sobre mí, apoyó su cabeza en mi hombro permitiendo a Luis verle las piernas bien de cerca. Nuestro amigo no podía disimular la calentura, cruzó sus piernas para tapar la erección que tenía. Entonces aprovechando la situación la acosté sobre mis piernas, acariciándole su cara la volví a besar apasionadamente. Laura quedó con las piernas estiradas entreabiertas, permitiendo a Luis verle hasta la bombachita. Eso fue el impulso que nos faltaba para decidirnos a concretar nuestra fantasía.

Exploté de calentura, inmediatamente la desnudé a mi mujer sobre el sillón sin que ella lo impidiera, la acosté y comencé a besarle los pechos. Nuestro amigo miraba con los ojos desorbitados. Le hice señas para que se uniera a gozar de mi esposa. Sin demora se arrodilló y se dedicó a chuparle la concha. Laura gemía y se torcía de placer. La besamos y chupamos como quince minutos, luego nos desnudamos los dos, dejando él relucir una pija monumental de grande .Mi mujer se tomó la cara con sus manos con un gesto de admiración y miedo cuando le vio el tamaño del miembro a Luis.

La pusimos de cuatro patas sobre el sillón y mientras me chupaba la verga a mí, nuestro amigo se la clavaba arrodillado atrás de ella, después cambiamos posiciones. Mi esposa tuvo enseguida su primer orgasmo. Mientras Luis la cogía ella abría la boca y gemía de dolor, cerraba los ojos y se mordía los labios del placer que estaba experimentando. Excitada y moviendo las caderas como poseída decía "qué hermoso tener dos pollas sólo para mí” o “cómo me pone tu enorme polla, Luis…” de pronto se le aflojaron las rodillas, dejó caer su cabeza y templando, tuvo otro largo y espectacular orgasmo.

La cogíamos de todas las poses imaginadas. La penetramos por todos lados, por la concha, por el culo, se la dimos los dos a la vez etc etc., hasta que yo no aguanté más y le terminé en la boca. Me retiré y los dejé solo.

Luis la puso de cuatro patas sobre la alfombra del piso se lubricó la pija se se la dio por atrás. Laura lloraba de dolor y placer. Él la tomó con sus manos bien firmes de las caderas y la bombeaba con fuerzas. Justo en el momento que mi esposa gritando le pedía que se la sacara porque le dolía mucho, nuestro amigo aceleró sus movimientos, arqueó el cuerpo hacia atrás y entre convulsiones dijo "te acabooo, te lleno el culo de lecheee...", un par de bombeadas más y se desplomó sobre las espaldas de mi mujer sin sacar su verga de adentro del culo de ella.

Se quedaron quietos unos segundo, luego él se enderezó, le sacó la pija todavía dura y chorreando y se fue a lavarse. Laura todavía de cuatro patas y turbada, se arrodilló y dejó caer sobre la alfombra una catarata de leche con un poquitito de sangre (la lastimó un poquito por adentro).

Después que nos arreglamos, le pedimos a nuestro amigo repetir la hermosa experiencia que tuvimos y si quería podía traer a Carla para intercambiar. Nos dijo que la iba a tratar de convencer a que venga porque él la había pasado muy bien. Le agradecimos por haber permitido hacer realidad nuestra fantasía de compartir a mi esposa, y por habernos hecho gozar como locos, sobre todo a mi mujer que quedó maravillada con su pija.

A pesar que un par de veces más nos juntamos con Luis a coger a mi mujer y otras tantas Laura se lo cogió a él solo, hasta el día de hoy no pudimos convencer a Carla que se una a nosotros.
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